lunes, 14 de octubre de 2013

EPISODIO DEL ENEMIGO

EPISODIO DEL ENEMIGO
    Por
                            Jorge Luis Borges      
 Tantos años huyendo y esperando  y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en viejas manos no podía ser un arma, sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero solo entonces pensé que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.  Me incliné sobre él para que me oyera.
  -Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
  Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco.
  Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
  Me dijo entonces con voz firme:
  -Para entrar a su casa he recurrido a la compasión.
Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
  Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y solo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
  -Es verdad que hace tiempo  maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel ni yo aquel insensato.  Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
  -Precisamente porque yo no soy aquel niño –me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su temor para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
  -Puedo hacer una cosa –le contesté.
  -¿Cuál? –me preguntó.
  -Despertarme.
Y así lo hice.

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