martes, 9 de febrero de 2016

POEMA: M

                                              M
Cuando la tarde
arrastra los corazones solitarios de los jóvenes animales
que deambulan enloquecidos por un margen de error…
Cuando vuelca a arrojarse en el jardín y una única y absurda
           pregunta resuena en los oídos: ¿será? ¿no será?
y el sol se tira de cabeza al mar y enrojece los corazones
de los tímidos muchachos, fieras abandonadas al fuego de su
         imaginación
que vuela como un helicóptero estallando, iluminándolo todo,
ardiendo por el beso reprimido, la caricia involuntaria
que lleva siempre a la certeza del siguiente día, a la virtud de la
        noche
para ensayar en otros cuerpos el zarpazo final (única verdadera
       realidad alucinante): el AMOR
loco y disperso como sus cabellos, esa hierba
que se hunde en los pulmones inundando con su olor toda palabra,
       mágico rito de la creación, el viento amarillo que raspa las
       caras
y brillan los ojos, y todo se sabe ya. Es solo cuestión de tiempo.

Y cuando la tarde
húmeda y triste como esos muchachos se pega en la pared del
       edificio
y ya no suenan los disparos de la soledad, ya todo ha vuelto
       hacia el estado natural, y la muchacha se aleja pensativa
y el muchacho la observa: ¿será?¿no será?, y le empaña las mejillas
pero ella no está, se hundió en el sol, se evaporó en la hierba,
Oh los abrazos mantenidos en secreto, Oh las lenguas, los silencios,
embriagado ya de noche el animal corre hacia el mar y junta arena
para escribirle este imposible pero inútil
poema de amor.
                                                                        José A. Mazzotti



POETA PERUANO

Róger Santiváñez

Róger Santiváñez (Piura, 1956) estudió Ciencias de la Información y Artes Liberales en la Universidad de Piura, donde obtuvo el primer puesto en la categoría Poesía en los IV Juegos Florales (1973). En 1975, se trasladó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para seguir estudios de literatura. Concluye actualmente un doctorado en Literatura Latinoamericana en Temple University (Filadelfia, Estados Unidos). Ha publicado los siguientes libros de poesía: Antes de la muerte (Cuadernos del Hipocampo, Lima, 1979), Homenaje para iniciados (Reyes en el Caos/Editores, Lima, 1984), El chico que se declaraba con la mirada (Asalto al Cielo/Editores, Lima, 1988), Symbol (Asalto al Cielo/Editores, Princeton, 1991), Cor Cordium (Asalto al Cielo/Editores, Amherst, 1995), Santa María (Hipocampo & Asalto al Cielo/Editores, Lima, 2001), Eucaristía (Tse-tse, Buenos Aires, 2004) y Amásteis (Altazor, Santiago de Chile, 2007). En 2006, apareció una recopilación casi completa de su obra poética bajo el título Dolores Morales de Santibáñez (Hipocampo & Asalto al Cielo/Editores, Lima). Ha publicado también los libros de prosa poética Santísima Trinidad (Walter Cier/Editor, Lima, 1997), Historia Francorum (Asalto al Cielo, Lima, 2000) y El corazón zanahoria (Sietevientos, Piura, 2002; Fondo de Cultura Peruana, Lima, 2006). Fundador del movimiento Kloaka, está incluido en La última cena, poesía peruana actual (Asalto al Cielo/Editores, Lima, 1987), Poesía Peruana Siglo XX de Ricardo González Vigil (Ediciones Copé, Lima, 1999) y La mitad del cuerpo, antología de la poesía peruana de Víctor Manuel Mendiola (Fondo de Cultura Económica, México, 2005). 

POEMA: Cuando principia el invierno


                                CUANDO PRINCIPIA EL INVIERNO

Cuando principia el invierno
dejo correr mis ojos sobre el agua helada
y me veo en el fondo del lavatorio
y los lentes se me pegan al rostro
y ya no sé quién se mira en el espejo ovalado
                                 ni para qué
                porque al fin sigo penando en ti
                como la única salvación posible
                y no hay salvación
                                Esto puede ser un
                chiste o no lo es
                un pretexto para escribir el poema,
                para contemplar ensimismado
la bombilla de luz de 50 watios
y a lo lejos
                                  el silencio que posee la calle
                cuando un automóvil ha pasado
                sin dejar huella alguna
                sin dejar una inquietud
                en forma de muchacha

                Esta es la historia por todos conocida
ha historia del amante solitario
el que no va con ella
                                               y sin embargo
dime, canción
qué hay de íntimo en el invierno
que me hace recordarla
al saber que Lima se abre para mí
como la imagen de la Nada
                                                           en los libros de la infancia

Y el viento
el viento con sus plumas sensuales
ya no es literatura ni poesía ni soledad
sino la indiferencia de Dios
para con quienes han conocido el amor
y hoy contemplan sus zapatos
engalanados con el frío
porque a veces uno llega a la conclusión
de que el Infierno no es el Fuego
sino el silencio con que se toma
el té a las 6 en una casa de pensión.

                                                       Roger Santiváñez




lunes, 8 de febrero de 2016

POEMA


                                                








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                               CIRCE
Para que no  me fuera
Tuviste que retenerme
Con todos tus secretos
Como a Odiseo
Por eso destrozaste
Los negros velos
Que cubrían tus ojos
Atreviéndote a abrir
Ante mí
La más hermosa puerta
De tu cuerpo
Diciéndome
Entra
Este lugar es tuyo
Y cuando estuve adentro
Aún me dijiste
Quédate
Este lugar es tuyo
Pero yo que nada poseo
y nada quiero poseer
  A no ser del pan y del vino
           Y de un tranquilo lugar donde descansar
  Me fui
  Porque tú querías retenerme
  Justo cuando yo no quería irme.
                                                Manuel  Leunam



POEMA


                            UN SUEÑO DE PONGO

Después de las rotaciones rojas
Cuando tu tiempo haya muerto y eternidad brille
Tú lamerás mi cuerpo inmundo y yo el tuyo destronado
Y la luz se extenderá nutriendo a la luz misma
La lengua será una más el ave en el aire
Habrá noches blancas y los días en mis ojos despiertos
                                   Orfebre de mis padecimientos
Has cavado mi piel trigueña con barrotes de fuego
Mi almita pateada por tu ceño hacia los abismos
Te preciabas pedernal pero podrido tu aliento yaces
        en la brevedad de escamas
Y no tendrás más retoño a tus breñas verdes
Donde tus fieles alimañas hociquean tus sueños
Y el tiempo construye la morada de la justicia
Oh miserable tiranillo de mis tormentos.
                                     Cesáreo Martínez

Este poema fue publicado en la Revista Hueso Húmero Nº 12/13, enero-junio de 1982